Tener una discapacidad, un desafío constante, por María Alejandra González (Psicóloga y sexóloga clínica)

La sociedad está apenas preparada para que habiten en ella individuos o grupos que cumplen con ciertas condiciones, como estatura mediana, peso medio, personas que ven, escuchan, hablan, se desplazan por sus propios medios…. Pero alguna vez se puso a pensar ¿qué sucede con aquellos que no cumplen con esas condiciones? En este sentido podemos hacer referencia a las personas con discapacidad quienes a pesar de contar con la tecnología como aliada todavía deben vencer ciertos obstáculos para así desarrollar sus actividades habituales entre las cuales se encuentran: educación, salud, trabajo, esparcimiento etc.
Recordemos que la inclusión es un concepto en boga actualmente, pero eso no significa que se lleve a la práctica cotidianamente. Este desfasaje entre lo que se predica y lo que realmente sucede se debe a que no existen sanciones para quienes vulneran los derechos de este grupo. En cuanto a las personas con discapacidad el trabajo interdisciplinario es de vital importancia, ya que la familia, los docentes especializados y los profesionales de la salud deben trabajar conjuntamente para que el individuo adquiera las herramientas que le permitan alcanzar la mayor autonomía posible. La familia es el pilar fundamental para que las personas en situación de discapacidad alcancen su máximo desarrollo en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Teniendo en cuenta la importancia de la familia es fundamental que la misma reciba orientación y asesoramiento adecuado ya que la falta de información acerca de cómo tratar a su familiar con discapacidad puede traer como consecuencia la adopción de conductas perjudiciales para el pleno desarrollo del individuo dificultando así el despliegue de su potencial.
Tengamos en cuenta que existe una gran diferencia entre las personas que nacimos con la discapacidad y aquellas que por diversas circunstancias la adquirieron porque en estas últimas las personas tienen que hacer un proceso, muy costoso en ocasiones, para adaptarse a la nueva realidad que están viviendo.
La sobreprotección, definida como el cuidado excesivo de los padres hacia los hijos por considerar que deben darles aquello que no pueden proporcionarse y por creer que el entorno es amenazante y no van a poder resolver los problemas que se le presenten es sumamente nociva ya que entre sus consecuencias se encuentran: miedo, inseguridad, baja autoestima, dificultad para tomar iniciativas, problemas para relacionarse con los demás, baja tolerancia a la frustración etc. Si tiene un hijo o familiar con discapacidad no realice las actividades que él tendría que hacer como tender su cama, preparar su mochila, colaborar con las tareas del hogar, enséñele a esperar su turno para jugar, hablar, ver la tele, utilizar un juguete… incúlquele valores como disciplina, respeto, solidaridad, empatía etc. Aliéntelo a pensar y buscar posibles soluciones a problemas con los que puede encontrarse en un futuro valiéndose de cuentos, noticias, situaciones vividas por amigos o conocidos… Rételo o póngale alguna penitencia si considera que hizo algo incorrecto ya que los límites también son parte de su educación. No le muestre que por su condición tiene ciertos privilegios que no tendrían sus hermanos es decir si está haciendo algo que usted desaprueba no rete o castigue al hermano, sino que él aprenda que los actos tienen consecuencias y que es él quien debe hacerse responsable por la falta cometida.
Recuerde que una persona en situación de discapacidad pertenece a una sociedad que en muchas ocasiones le va a poner piedras en el camino para que pueda desenvolverse por eso es vital proveerlo de la preparación necesaria que le permita afrontar dificultades y así tener una calidad de vida lo más óptima posible.
Se denomina prejuicio a las opiniones previas, generalmente negativas, que la sociedad tiene acerca de una persona o grupo basadas muchas veces en el desconocimiento. Los prejuicios constituyen una barrera con la cual las personas con discapacidad tenemos que luchar frecuentemente. Al momento de buscar trabajo las personas en general pueden encontrar grandes dificultades ya que desde hace mucho tiempo existe un altísimo índice de desocupación. En el caso de las personas con discapacidad tienen que armarse de paciencia puesto que a la desocupación existente se agrega que deben luchar contra los prejuicios del empleador ya que en muchos casos toman por hecho que una persona discapacitada necesita ser asistida en todos los aspectos y no puede trabajar de manera eficiente. Frente a este estado de situación es el potencial empleado quien tiene a su cargo la tarea de romper con esos prejuicios proponiendo estrategias para llevar a cabo el trabajo requerido.
Para concluir tengamos en cuenta que tener una discapacidad plantea ciertas limitaciones, pero tampoco dejemos de lado el potencial que cada individuo puede brindar en las áreas donde se requiera de sus conocimientos y habilidades. Existen ciertos apoyos como lectores de pantalla, macrotipo, pictogramas, intérpretes en lengua de señas argentinas y mobiliario adaptado para personas con discapacidad motriz capaces de contribuir al óptimo desempeño laboral de la persona con discapacidad.
La sobreprotección y los prejuicios actúan como limitantes en el pleno desarrollo y potencial desempeño de los recursos que posee una persona con discapacidad. Por eso si convive o puede emplear a una persona con discapacidad comnverse con ella acerca de sus inquietudes y permítale plantear soluciones a los inconvenientes que se le presenten.