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Ciencia y Tecnología para recuperar el País en la pospandemia

La Agrupación Rolando García organizó un encuentro virtual para analizar las estrategias de vinculación y transferencia implementadas para enfrentar la pandemia y sobre qué aprendizajes se pueden aplicar a los desafíos que planteará el escenario posterior. De la charla participaron Fernando Peirano, titular de la Agencia I+D+i, y Sergio Romano, gerente de Vinculación Tecnológica del CONICET.

Por Matías Alonso (Agencia TSS)– El martes pasado se inició el ciclo de charlas virtuales de la Agrupación Rolando García “¿Qué posibilidades tiene el desarrollo científico tecnológico en la Argentina de hoy?”, con un encuentro en el que expusieron Fernando Peirano, presidente de la Agencia I+D+i, y Sergio Romano, gerente de Vinculación Tecnológica del CONICET.

La charla, que puede verse completa en este link, fue moderada por la doctora en Química Ana Clara Carro, quien sostuvo que “desde la Agrupación Rolando García discutimos en torno a la fuerte tradición ofertista de la comunidad científica nacional. Desde el campo de Ciencia, Tecnología y Sociedad se intenta correrse de esas lógicas lineales, que siempre subyacen en el diseño de las políticas tecnológicas o de innovación. El flujo de la información no debería ser unidireccional y tendría que incluir otras voces más allá de la comunidad científica”.

Durante el encuentro, hubo especial énfasis en la convocatoria del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, a través del Programa de Articulación y Fortalecimiento Federal de las Capacidades en Ciencia y Tecnología COVID-19, que buscó financiar proyectos de investigación y desarrollo en el marco de la pandemia.

“Hoy lo digital nos permite ser más federales”, dijo Peirano, y Romano coincidió con que la virtualidad hizo que la ubicación de las oficinas tuviera menos importancia, por lo que se perdió un poco la centralidad de Buenos Aires, favoreciendo la federalización del sistema. “La virtualidad nos permitió tener un seguimiento más cercano de los proyectos y las oficinas de vinculación tecnológica de todo el país. Eso fue un aprendizaje muy importante y nos permitió estar más cerca de los investigadores. El CONICET tenía la costumbre de esperar a que el investigador viniera a pedir ayuda y hoy hacemos un seguimiento más personalizado. Tenemos un mapa con el estado de cada proyecto para poder empujarlo si se traba en algún punto”, sostuvo Romano.

“Tenemos que aprovechar esta pandemia para construir una nueva economía con una visión mucho más federal y será lo que discutiremos en la segunda parte del año”, sostuvo Peirano.
La emergencia planteada por la pandemia obligó a que la convocatoria para la presentación de proyectos tuviera que lanzarse en poco tiempo y también a presentar resultados muy pronto. En este sentido, Peirano afirmó: “Queremos una agencia que tenga dos miradas, en la que lo central sea dar financiamiento y certidumbre a los investigadores, grupos de investigación y pymes, pero en la que también un porcentaje de los fondos estén orientados a problemas más puntuales y la segunda convocatoria apuntará a la pospandemia”.

En cuanto a los caminos de innovación que podrían ayudar a desarrollar la economía del país cuando pase la emergencia actual, Peirano agregó: “Hay vectores desde los que podemos ayudar para desarrollar el país. Agregar valor en los recursos naturales, en especial en alimentos; en energía tenemos una transición energética en marcha por el paradigma socioproductivo que nos engloba; en la salud; y en lo ambiental, donde la ciencia y la tecnología tienen mucho para dar. También podemos aportar desde lo digital, y la Ley de Economía del Conocimiento es importante para eso. Así como hace 20 años se pusieron reglas claras para que surja un sector de software, ahora necesitamos reglas para que este sector se vincule con las máquinas, con el valor agregado y nuevos servicios. Ahí nos jugamos la construcción del futuro, de tener un país con oportunidades de inclusión y una economía sustentable. Tenemos que aprovechar esta pandemia para construir una nueva economía con una visión mucho más federal y será lo que discutiremos en la segunda parte del año”.

Con respecto al lugar que tomó la ciencia en la crisis sanitaria y económica, Peirano dijo: “Si la prioridad hubiera sido solo preocuparse por la economía, la ciencia no tenía nada que hacer”. En el mismo sentido, Romano explicó: “Este trabajo tiene que ver con la voluntad política de de dar una solución científica a la pandemia. Nos permitió acelerar algunos tiempos y queremos mantenerlo cuando pase la pandemia, porque se viene un desafío importante desde lo económico. Habíamos empezado con el plan de la lucha contra el hambre y será más importante cuando todo esto pase”.

“La OMS definió 64 productos esenciales para la lucha contra este virus, de los cuales la Argentina produce 63, menos guantes de látex se hace todo, desde kits de diagnóstico hasta respiradores y barbijos. Tener ciencia y tecnología es un plus que ayuda a solucionar el problema”, agregó Peirano.

“La virtualidad nos permitió tener un seguimiento más cercano de los proyectos y las oficinas de vinculación tecnológica de todo el país. Eso fue un aprendizaje muy importante y nos permitió estar más cerca de los investigadores”, dijo Romano.
A partir del 13 de julio –y hasta fin de agosto– se lanzará una convocatoria para financiamiento de empresas de base tecnológica (EBT) que puedan dar soluciones a problemáticas más generales y que tengan que ver con los cambios que trajo la pandemia, como distanciamiento físico, diagnóstico, dispositivos de protección personal y la digitalización en ámbitos como los de la educación, el trabajo y el comercio.

Desde la Gerencia de Vinculación Tecnológica del CONICET también se está pensando en cómo mejorar el diálogo entre investigadores y empresarios. Entre otras iniciativas, se anunciará un programa de pasantías de verano para que becarios puedan hacer sus aportes al sector privado o al de la administración pública, con el objetivo de mejorar la dinámica entre estos sectores. En este sentido, Peirano explicó la situación del sector privado en cuanto a esfuerzos de innovación hoy en día: “En la Argentina, hubo durante los últimos 20 años en promedio unas 600.000 empresas. De ellas, 6000 hacen innovación, 600 hacen algo de investigación y 60 explican el 80% de la I+D en el sector privado. En este escenario tan estrecho, las posibilidades de que un investigador pueda llevar adelante su proyecto en el ámbito empresarial son muy reducidas”, dijo Peirano.

Y concluyó: “Tenemos que empezar a buscar un camino que redefina el concepto de EBT, en el que los investigadores sean parte de ellas. El concepto de emprendimiento no nos alcanza. Empresas como Chemtest y Neokit tienen diez años de historia. Hay que tener más empresas de este tipo y también debemos resolver temas como el de la propiedad intelectual o qué hacer en caso de que una empresa de estas características sea adquirida por una firma extranjera o por un fondo de inversión. Deben ser un medio para el desarrollo, para tener soberanía sanitaria y para una matriz productiva más diversificada”.

Docentes obligados a adaptarse a la Educación Online en Cuarentena

El uso de aulas virtuales se convirtió en el recurso para reemplazar clases presenciales durante el aislamiento social preventivo. Sin embargo, su implementación deja al descubierto dificultades y desafíos. ¿Están dadas las condiciones para este cambio? ¿Alcanza con la tecnología disponible? ¿Cuál debería ser el rol de la universidad pública en la pandemia?

Por Vanina Lombardi
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Agencia TSS – Theo mira la película y responde atento a las consignas de la “tarea” que le mandaron sus profesores. Tiene el entusiasmo de quien ingresa a la universidad, pero todavía no puede viajar hasta la facu, perderse en sus pasillos, detenerse a leer carteles pegados en las paredes, esperar turno para comprar apuntes y, sobre todo, encontrarse con sus compañeros, que en lo que dure el aislamiento preventivo serán como avatares de un videojuego en el que juntos salen a desafiar  inquietudes en busca del conocimiento. Cata, en cambio, extraña debatir con los del centro de estudiantes y sentarse a estudiar en grupo en el bar de la facultad. Igual, ya bajó toda la bibliografía sugerida y está leyendo desde el celular para no atrasarse, mientras su hermana, apoderada de la única computadora de la casa, se dispersa con las actividades que le dieron en el colegio. Muchos otros, como Tomás y Vilma, aún esperan que comiencen las clases para recibir las consignas a seguir.

Del otro lado de la pantalla, los creadores de esta saga educativa son docentes de distintas generaciones que, con más o menos dificultades, se enfrentan a un aula virtual para la cual muchos no fueron entrenados o no tienen los recursos necesarios para adaptar las clases a esta tecnología, que plantea situaciones muy disimiles a las del aula presencial, a veces incluso imposibles de recrear, desde ensayos en laboratorios y clases de danza hasta prácticas profesionales. Todo esto, en medio de un aislamiento social obligatorio, con estrés por la incertidumbre sobre los tiempos venideros, superposición de espacios con otros miembros de la familia y tareas de cuidados, que se acumulan durante la jornada de encierro.

“Esto no es solo la migración de los desarrollos pedagógicos en tiempos de virtualización, es  virtualización en tiempos de una pandemia y aislamiento social, en los que cambian las dinámicas del hogar, los cuidados y la atención de hijos y adultos mayores. En muchas instituciones hay un afán de avanzar como si nada ocurriera, sin la indicación de reflexionar sobre lo que está pasando”, considera Ariel Slipak, docente en materias del área de Economía en las universidades nacionales de Buenos Aires (UBA), Moreno (UNM) y General Sarmiento (UNGS), y se cuestiona acerca del rol de las universidades públicas: “¿Tienen que haber solo desarrollo de contenidos o ponerse al servicio de contribuir a brindar soluciones a la emergencia sanitaria y las problemáticas socioeconómicas que se empiezan a vivir por la desigualdad de impactos del aislamiento social?”, se pregunta el economista. Y responde: “Antes que desarrollar con normalidad una cursada de microeconomía superior, creo que es más importante destinar el tiempo de contacto para tratar de reflexionar colectivamente sobre la situación socio económica”.

Según datos del Ministerio de Educación de la Nación, en la Argentina existen 66 universidades e institutos universitarios estatales, nacionales y provinciales, que en 2018 contaron con cerca de dos millones de estudiantes y unos 200.000 docentes con cargos, cada uno con realidades particulares y disímiles. “Una gran porción de los estudiantes no cuenta con los medios necesarios para poder realizar este tipo de tareas académicas, muchos solo tienen un celular para poder seguir adelante con los estudios”, afirma el historiador Patricio Grande, docente en la Universidad Nacional de Luján (UNLu), y sostiene que mantener la continuidad pedagógica en este contexto “se hace muy difícil y prácticamente inviable, ya que entre los estudiantes hay una brecha social, económica y digital muy grande, que se va a profundizar si se sigue adelante en estas condiciones”.

Según datos del Ministerio de Educación de la Nación, en la Argentina existen 66 universidades e institutos universitarios estatales, nacionales y provinciales, que en 2018 contaron con cerca de dos millones de estudiantes y unos 200.000 docentes con cargos, cada uno con realidades particulares y disímiles.

Al respecto, Arturo Gómez Barroso, docente en la carrera de Biología Molecular en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), coincide en que en las universidades existe una asimetría con relación al acceso y manejo de la tecnología, a la que se suman las condiciones en las que docentes y alumnos están cumpliendo el aislamiento social obligatorio, muchos con familiares a cargo, otros con inestabilidad laboral o trabajos precarizados, y con un alto nivel de incertidumbre generalizado. “En ese marco se dan las clases. Se comentaba un caso en Córdoba en que en la primera clase virtual participaron todos los alumnos y en la segunda solo la mitad, y esos casos se multiplican en todo el país”, ejemplifica Gómez Barroso. Para el docente, es importante mantener el contacto con estudiantes por “una situación de contención que tenemos que dar como sociedad, en la que la universidad puede jugar un rol no netamente académico. Como docentes, investigadores y trabajadores tenemos que desarrollar otro tipo de actividad para generar esos lazos solidarios que van más allá del dictado normal de las asignaturas”.

“El punto es ser conscientes de la contingencia actual y, más que esperar un cuatrimestre de continuidad, plantear como primera preocupación el cuidado general, y ver cuáles son las posibilidades de mantener un vínculo con los estudiantes, que va a ser diferente y va a tener mayor nivel de fragilidad”, considera el historiador Federico Cormick, docente en la Universidad Nacional de Moreno (UNM), que además se enfrenta al desafío que implica el dictado de materias de primer año en las que recibirá a estudiantes que se acercan por primera vez al ámbito universitario. “El reto es que se entusiasmen, que el aula sea un espacio de cuidado, y los mecanismos virtuales tienen algunas limitaciones para eso”, se preocupa.

Silvia Bernatené, decana de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), sostiene que desde la universidad debe haber mayores niveles de comprensión sobre la diversidad de situaciones en las que se produce el aprendizaje. “Aún en las mejores condiciones tecnológicas y materiales, hay algo de la disposición intelectual y anímica que no es fácil recomponer. Hay una disposición a trabajar con los estudiantes y comprender lo que está en juego. Sin negar las dificultades, procuramos generar un espacio para sostener el vínculo con los estudiantes a través del conocimiento y, sobre todo, desde el lugar que tiene la universidad en este momento de debilidad de los lazos sociales”.

Espacios de cuidado, producción y reproducción de la vida

El aislamiento preventivo obligatorio irrumpió en el año lectivo cuando algunas universidades estaban desarrollando los cursos de ingresos o tomando exámenes finales. Otras habían apenas comenzado o estaban por iniciar las clases y tuvieron que posponerlas por unos días para adaptar las materias al formato virtual. Mientras que las instituciones trabajan desde las áreas de programación digital para mejorar las plataformas virtuales que muchas ya tienen como complemento para las clases presenciales, los docentes se vieron en la necesidad de adaptar sus contenidos a la virtualidad, tratar de establecer contactos con sus estudiantes para conocer sus capacidades tecnológicas y aprender a utilizar herramientas virtuales, lo que implica duplicar las jornadas laborales desde el hogar e incluso disponer de recursos tecnológicos que no siempre están a su alcance o que deben compartir con otros integrantes de la familia.

“Muchos están corriendo, preocupados y angustiados, tomando clases online sobre la virtualidad y cómo generar contenidos online, pero yo iría a un paso anterior: este escenario está poniendo sobre la mesa cuestiones que tienen que ver con que el mundo no va a volver a ser el que conocíamos. Al mismo tiempo, todavía seguimos teniendo una normativa laboral que sigue pensando a los trabajos solamente en el mundo público y productivo, ¿hasta cuándo? Creo que esta es una oportunidad para pensar en nuestras propias condiciones de trabajo y no solamente en cuán creativos podemos ser o no en la virtualidad”, reflexiona Florencia Partenio, coordinadora de la carrera de Relaciones del Trabajo de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), y considera que esto abre una instancia “formidable” para trabajar con los sindicatos.

El aislamiento preventivo obligatorio irrumpió en el año lectivo cuando algunas universidades estaban desarrollando los cursos de ingresos o tomando exámenes finales. Otras habían apenas comenzado o estaban por iniciar las clases y tuvieron que posponerlas por unos días para adaptar las materias al formato virtual.

“¿Cuán presente está la agenda de los cuidados en los sindicatos docentes y en los del resto de los sectores de la economía? ¿Cuántas de estas demandas se habían incorporado en el pliego de las negociaciones colectivas?”, cuestiona la especialista y explica que el avance de la virtualización y el teletrabajo tendrán impactos y efectos totalmente disímiles entre varones y mujeres, ya que antes de la pandemia tampoco se había resuelto un sistema integral que piense a los cuidados como un derecho y un trabajo. “Ahora, todo se acrecienta y las mujeres serán quienes tendrán mayores impactos de sobrecarga tratando de resolver la virtualización y, al mismo tiempo, llevando adelante sus responsabilidades reproductivas”, advierte Partenio.

Al respecto, Cormick, que también es Secretario General de ADUNM, asociación gremial docente de la UNM, afirma que desde el gremio comparten un espíritu general del cuidado. “Vemos con mucha preocupación que hay una naturalización de que todo se va a poder hacer por la vía virtual e hicimos un llamamiento público sobre esta preocupación, ya que empieza a haber presiones excesivas sobre los docentes, lo que supone la degradación de las condiciones de trabajo y contratación, sin tener en cuenta que los docentes, al igual que los estudiantes, somos parte de esta situación crítica y tenemos que poder sobrellevar las presiones de la pandemia”, sostiene.

Todo esto sucede casi en simultaneo con el incumplimiento de la denominada “cláusula gatillo” establecida en las negociaciones paritarias el 2019, mediante la cual se actualizarían los sueldos docentes de acuerdo con la inflación. “La educación pública viene muy golpeada. Las obras sociales han sido definanciadas, no tenemos presupuesto aprobado para esta año, estamos viviendo una situación que ya venía crítica y tenemos que estar alerta para que esa crisis no se profundice más”, se lamenta Gómez Barroso, que también es Secretario Adjunto de Asociación de Docentes Universitarios (ADU) de San Luis e integrante de la mesa ejecutiva de CONADU Histórica. “Muchas veces, las computadoras están en la universidad, no tenemos acceso a comprarlas y eso tiene que ver con un retraso salarial que venimos arrastrando. No es menor que el día que se decretó el aislamiento obligatorio también se firmó un acuerdo salarial a la baja, desconociendo la cláusula gatillo firmada el año pasado”, agrega.

Teniendo en cuenta todas estas dificultades, la Federación Nacional de CONADU Histórica (que congrega a muchos gremios de todo el país) presentó ante el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) un pedido de intervención frente a las universidades. “No es un tecnicismo considerar que estas tareas no están en el convenio colectivo de trabajo. No están porque no están pensadas, es más trabajo en un momento en el cual quienes tienen a su cargo hijos o adultos mayores tienen mayor carga en el hogar”, dice Slipak, que también es Secretario Gremial de la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires (AGD-UBA). Y agrega: “Hay un afán por el incremento del tiempo de vida que los trabajadores le brindamos al empleador. Esto provoca una falta de distinción entre el tiempo laboral y el personal, de los docentes trabajando en su casa y de los teletrabajadores, que casi naturalmente terminamos trabajando feriados y fines de semana. Mi preocupación también es el día después, porque tiene que quedar claro que todas estas herramientas que se desarrollan en emergencia no puede ser pensadas para avanzar en detrimento de la presencialidad, que sigue siendo necesaria”.

Carlos Mias: “el problema del Coronavirus es médico y también psicológico”

El licenciado Carlos Daniel Mias*, referencia del Colegio de Psicólogos de Córdoba en lo que respecta a la ansiedad que genera por estos días la cuarentena obligatoria debida al Covid19. Al respecto conversó con DHEducacion.Com sobre los efectos de esta pandemia en el plano psicológico.

¿Cómo impacta esta saturación de información y este encierro en la vida cotidiana de las personas?

Estamos todos con un encierro impuesto, sin precedentes, para el cual no todas las personas tienen la misma conciencia al respecto. No podemos predecir bien las consecuencias de esto porque hay muchas realidades, pero sabemos que habrá fluctuaciones, cambios de humor, pensamientos que van a ir desde lo más negativo a lo más flexible, puede aparecer irritabilidad, enojos, peleas, y en algunos casos puede llegarse a manifestaciones de violencia.

Por ello, en primer lugar debemos tener en claro en todo momento por qué estamos haciendo esto; ese es el mapa mental que tenemos que hacernos y recordar cuando estemos débiles o pensemos que ya nos podemos relajar o salir, no, tenemos que recordar por que es serio, por qué es obligatorio, y para qué lo estamos haciendo.

En segundo lugar sabemos que puede aparecer ansiedad y angustia, en muchos casos derivadas de la sobreinformación que viene con una carga de angustia muy chiquita, que hace el efecto llovizna: parece que no moja pero finalmente nos termina empapando. Parecen números, datos, pero trasmiten angustia. Si bien tenés personas bien acompañadas, tenés personas mal acompañadas, tenés adultos mayores, tenés personas enfermas, personas sanas, lo primero es estar alertados en esto y no sobreexponernos. Nosotros vamos construyendo la sensación de amenaza un poco con datos que tomamos y un poco con esquemas mentales previos. Entonces habrá quienes construyan una realidad muy catastrófica o se adelanten demasiado, y eso hace que estemos viviendo escenarios futuros, pero en el presente. Entonces mi emoción será como si estuviera viviendo un escenario que va mucho más allá, ni que hablar si imaginamos que supera nuestras capacidades de afrontamiento o adaptación exitosa. Y si la ansiedad social es desmedida, si la interpretación de los hechos es exagerada, se puede caer en una psicosis social, que consiste en vivir emociones, pensamientos y hasta acciones en algún momento como si estuviéramos en esos escenarios futuros, y muy desconectados del presente y las normas sociales, morales, con actuaciones muy instintivas.

Claro que no todos reaccionan del mismo modo, y habrá quienes estará convencidos de la interpretación que hacen; y el problema es que determinan una realidad que no cuestionan. Como cuando un Gobierno sale a decir ‘no hay que comprar dólares’, hay gente que va a creer que eso tiene sentido, que va a accionar en esa dirección, y gente que va a hacer exactamente todo lo contrario. No somos todos iguales, hay gente que vive en escenarios absolutamente futuros y se desconecta de la realidad, del ahora. A partir de ahí vienen estos fenómenos que ya hemos visto como pretender ingresar a supermercados y otras acciones un tanto violentas. Entonces tratemos de mantener la conexión con la realidad. Y una medida que es importante y que estamos difundiendo es que las personas se mantengan conectadas con los medios o con la información, pero solo una vez al día. Hay cosas que necesitamos estar anoticiados, pero si es de modo reiterado el riesgo es sumar angustia y contagiarla.

Otra cosa importante frente a los cambios de humor por estar encerrados con otras personas es hacer acuerdos de convivencia. Es necesario ponerse de acuerdo en algunos roles y funciones básicas, quien va a cocinar, quién va a limpiar, las compras, o bien acuerdo respecto de lo que no se quiere hablar o los tratos que no se quieren recibir. Si no hay acuerdos de convivencia, nos manejamos como si el otro supiera lo que yo espero. Es bueno que haya roles, que haya funciones y esto incluye hasta a los niños a partir de los seis años para que entiendan que pueden tener una función dentro de un grupo que es el esquema familiar.
Respecto de las consultas por peleas de parejas, en muchos casos ya estaban de antes, o bien había un clima propicio preexistente. La convivencia del encierro es la chispa que detona una pólvora que ya se traía. No obstante las fricciones pueden surgir del encierro deben limarse con acuerdos de convivencia y conciencia de lo que se está haciendo. Lo que no se puede permitir es una convivencia con violencia o maltrato, debiendo solicitarse ayuda si es necesario.

Otro punto a recordar en la convivencia es que somos seres territoriales, entonces en el encierro tratemos de respetar el lugar del otro, que a veces pasa por su pieza y a veces pasa por el lugar que ocupa en la mesa del comedor. Es muy frecuente que empiece a invadirse el territorio de otro, la taza de otro, o dejé sucio el lugar donde estaba el otro, o el living, que son espacios comunes. Tengamos en cuenta que si invadimos territorio legítimo provocamos una respuesta de defensa que no se esperaba.

También recomendamos mantener algún tipo de rutina, sabemos que nos vamos a desordenar, hay que aceptarlo, pero tratemos de llevar un orden dentro de ese desorden, alguna ocupación equivalente a lo que sería estar trabajando o estar ocupado. Esto es difícil para personas de poca ocupación en casa, o que agotaron lo que podían hacer, y cuando todo se agota, hay que apelar a la creatividad, los juegos de mesa, hasta a veces dormir más en una buena opción, si se vamos a estar todo el día expuesto a la sobreinformación.

¿Y los niños?

Mucho se difunde de que se lo ponga a hacer tarea al niño, pero no es tan sencillo. El niño significa la tarea solo cuando va a la escuela. Si no va, no hay tarea. Por lo tanto es necesario configurar con él este novedoso escenario, y ser pacientes cuando no lo entiendan o acepten. Pero es cuando hay que poner límites, acompañando de reglas y funciones. Siempre es mas fácil cambiar cuando se identifica lo que se tiene que hacer y hay consecuencias por eso. Con los adolescentes también, ya que pueden desafiar, se van a molestar, pero ahí viene la postura del adulto porque sabemos que niños y jóvenes van a buscar siempre quebrar el límite frente a una autoridad débil, pero un límite se instala finalmente a fuerza de repetición, aceptando y conteniendo las resistencias al cambio. Por supuesto que esto es válido cuando hablamos de adultos medianamente razonables, ya que hay adultos que quieren imponer límites irracionales o en base a su conveniencia o su cansancio y no en base a la educación. La educación en gran medida se piensa, requiere coherencia y constancia, no es una cuestión espontánea, las mejores medidas o limites se echan a perder cuando son erráticas o dependen de lo espontáneo.

¿Hay que trabajar la articulación de visiones entre pasado, presente y futuro?

Por ahora no hay que hablar mucho de futuro, venimos de una vivencia donde la realidad va cambiando día a día. Hay cosas que han venido para quedarse. El distanciamiento social que necesitamos mantener va a perdurar mucho tiempo. Por más que podamos salir a la calle en treinta días, vamos a salir, pero vamos a estar más distantes. Vamos a estar más dispuestos a estar en casa, al trabajo a distancia. Creo que esto va a cambiar hasta nuestros hábitos de consumo y producción, que permite entender que la economía es también un problema psicológico, no solo de números, y es la variable que menos se atiende. Primero es un problema de cómo piensan las personas, luego cómo actúan. Creo que las clases dirigentes de todo el mundo están empezando a entender esto.

Por otro lado, la trama social se resiente con esto que vemos de acusar al otro, denunciar al vecino que vino de tal o cual lugar. La gente de tal sector social que viajó y nos trae el virus. Detrás de todo esto hay mucho enojo en la gente y hay un enojo que cuando vos no lo podes direccionar, porque no le vamos a echar la culpa al mercado chino porque comen murciélagos, lo que haces es buscar un target y ahí pones tu enojo. Si uno lo piensa y analiza con detalle ve que hay algo irracional en esto. Si hay enojo es bueno poder hablar y ver qué cosas tenemos irracionales. Si vamos a denunciar que sea en base a una conciencia social y no a un enojo o maldad. Protejámonos de las filtraciones que puedan ser ideológicas, clasistas o políticas. Hay gente que ha viajado a lo mejor con los ahorros de todo el año y no la podes culpar, o por llegar tarde a la conciencia social o por ser más lentos en configurar la realidad o por sencillamente no haberle creído al Gobierno, sin embargo también es necesario que quien haya viajado pueda entender que nos expone si ingresa fácilmente al país, también aceptar su propio enojo.

¿Cómo impacta esto en el rol del psicólogo?

Hay cosas que no podemos predecir exactamente, pero sabemos que habrá cambios y repercusiones por mucho tiempo, tendremos un antes y un después de todo esto. Creo que las personas se van a mirar por un largo tiempo con mayor desconfianza. Este ejercicio nuevo que involuntariamente practicamos todos los días de ver al otro como una posibilidad de contagio, que lavamos las cosas si vienen de afuera, miramos si alguien tose o estornuda, va a cambiar la forma de vincularnos y la forma de producir. Los psicólogos tenemos un rol y desafío muy, muy grande en adelante. Incluso vengo difundiendo de que el Covid19 es también un problema psicológico porque depende de cómo actúan las personas y esto se ha venido difundiendo como si fuese un tema de infectología únicamente, hay gente que de tanto ver noticias o whatsapp ya te describe la microscopía del virus o la anatomía del pulmón pero no se ha acomodado a la parte conductual de la circunstancia. Creo que los psicólogos vamos a tener muchísimo trabajo en adelante. Muchos colegas están preocupados porque no pueden trabajar, la modalidad online es de acceso muy limitado y la cuarentena a los pacientes que veníamos llevando regularmente les cambió el contexto a los pacientes, por lo tanto cambiaron quejas o malestares en general. Para muchos no tiene sentido el proceso terapéutico en este contexto. Muchos pacientes están estabilizados por la situación, otros no se adaptan a la modalidad online, que no es para todos. Han caído las consultas por esto, pero les digo a mis colegas que más adelante habrá mucho más trabajo porque las secuelas que esto va a dejar en las relaciones afectivas, laborales, familiares, de pareja, sexuales, van a perdurar.

Los psicólogos vamos a tener un rol importante primero en el terreno individual, donde la gran lección es que no hay que patologizar todo porque muchas personas van a mostrar problemas pero no patologías. Creo también que se necesitara un psicológico clínico de mente abierta, menos técnico o de encuadre teórico rígido, ya que las realidades y los cambios van siempre adelante de las teorías.  Por otro lado creo que va a cobrar un rol importante la psicología social y comunitaria que debe ser más práctica, más precisa, porque los psicólogos tenemos fama de construir muchas teorías pero pocas soluciones y no con el lenguaje de la gente. Vos habrás hablado con Sebastián Bertucelli que sabe muy bien organizar comunidades y se preocupa por conocer las redes como el código y formas de organizarse de las personas que muchas veces está por encima de cualquier teoría.  Insisto, esto es un problema psicológico, no es un problema solamente médico o social, en todo caso es un problema de equipo interdisciplinario de trabajo. Yo he escuchado a médicos enojados porque la gente no cumplía la cuarentena, yo le diría que trabaje en equipo, tenga a un psicólogo y le va a explicar por qué la gente no tiene toda la misma conciencia y cumple con las normas, y qué se puede hacer al respecto, aún con medidas fuertes como la necesidad de un decreto.

El Gobierno no esta convocando psicólogos y muchos psicólogos se quieren quedar intra muros…

Acá hay una responsabilidad a doble vía. Por un lado la Psicología debe ser autocrítica, si no nos llaman, no nos convocan es porque la Psicología viene asociada a un imaginario muy teórico, muy divorciado de la gente o de lo práctico, si bien esta realidad esta cambiando en los últimos años con la acción de instituciones referentes como el Colegio y la facultad de Psicología.

Por otro lado el Estado debiera convocar a gente experta sanitarista. Tenemos aquí en Córdoba a expertos que han trabajado en otros lugares del País y del mundo como Bertucelli y Davila, entre tantos. Pero muchas veces la política toma decisiones en base a la urgencia y no la planificación, en base a los consejos de los técnicos, o a los que ven el casillero antes que el tablero completo.

Bartucelli: “debemos tener Confianza con oJos abiertos antes que miedo al Coronavirus”

Muy acertada la lectura del colega, es una lectura prudente y educativa, frente a la lectura basada en el cambio por el miedo, como sería tener desconfianza, estar en sobrealertados o sobreinformados. Este es también el momento de empezar a estudiar nuevos fenómenos, ojalá yo tuviera alumnos que quisieran hacer su tesis sobre lo que sucede psicológica y cognitivamente en el encierro. Es una oportunidad única para empezar a construir las teorías del futuro.

¿Estamos ante la presencia de lo ‘ominoso’ que hablaba Freud o de la ruptura de la Trama Vincular similar a la última Dictadura?

Y si, esto es así. Cuando uno no sabe de dónde viene el miedo uno elige un target. La posibilidad de que el otro sea una amenaza es un ejercicio diario hoy por hoy. Yo he visto a personas esquivar el lugar por donde caminaba otra. Hay cosas que pueden tener un fundamento  médico pero desde el punto de vista psicológico nos van a generar una pandemia peor que es la del pánico y la desconfianza. Y es mucho más contagiosa, esa si que es contagiosa.

Es importante que gran parte de lo que interpretamos de los hechos tengamos la posibilidad de hablarlo porque hablarlo nos da oportunidad de corregir y modular como percibimos los hechos o percibimos la amenaza. De esa manera nos podemos regular para no caer en los extremos que nos llevan a la psicosis y a la desconexión, a la desconfianza generalizada y nos permite puntualizar lo que hoy esta pasando.

¿Los psicólogos tenemos que salir a llenar de palabras ese vacío que llenan y saturan gurúes y medios?

Si, claro que tenemos que estar más presentes pero desde una convocatoria más oficial, o bien criteriosa en el ejercicio profesional particular. No estamos para juzgar a las personas o determinar cómo se tiene que vivir, si no ganan terreno posturas mágicas, pero que contienen, con riesgo de manipulación en ocasiones. Los psicólogos debemos también revisar lo que difundimos, ya que a veces lo hacemos pensando en un target, pero llega a otro, y la comunidad no es homogénea, cuidado con eso. Yo he visto difundir cosas que parecen infantiles, otras veces difunden un ideal que está muy lejos de la realidad, o leyes o preceptos únicos e inamovibles. Además difundimos cosas de entendimiento de la clase media, con problemas para conocer y llegar a los extremos sociales. Necesitamos conocer mas las realidades actuales, territoriales y la diversidad social, que en muchos casos desafían las teorías clásicas, y que luego invaden posturas mágicas o acomodamiento energético. A nivel social hay colegas que debieran ser convocados por las autoridades que piensan en formar equipos, con políticas de largo plazo, sino quedamos los que nos animamos un poco más a hablar y corremos detrás de los hechos. Sin embargo veo instituciones casi a la misma velocidad de los hechos, tanto el Colegio como la Facultad de Psicología están presentes y haciendo cosas como no he visto nunca, propiciando dispositivos de contención, generando procedimientos de trabajo e interdisciplina, modificando criterios de enseñanza y orientado hacia temas de realidad y diversidad, insisto, esto no lo he visto nunca, creo es una buena forma de insertar la psicologia como disciplina frente al pensamiento mágico o improvisado que se queda sin respuestas cuando arden las papas.

*SU CURRICULUM MAS DESTACADO

Psicólogo.  MP A-1056 CPPC
Docente titular e investigador, Facultad Psicología UNC
Doctor en Ciencias de la Salud, Area Biomedicina. Facultad de Ciencias Médicas UNC
Director del Servicio de Neuropsicología, Facultad de Psicología UNC
Psicoterapeuta cognitivo conductual integrado a neurociencias
Autor de libros y diversas publicaciones