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Falleció Cacho Otheguy, un indispensable de la Ciencia Argentina


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El fallecimiento de Héctor “Cacho” Otheguy, referente y parte del grupo fundador de INVAP, implica la partida de un luchador por una Argentina más desarrollada e igualitaria a partir de los esfuerzos en la aplicación del conocimiento científico y tecnológico. Su aporte en el crecimiento y también en las crisis que atravesó la empresa rionegrina, hoy referencia mundial en industrias como la nuclear y la aeroespacial.

Por Carlos de la Vega
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Agencia TSS – En la madrugada del martes 31 de marzo de 2020, a los 73 años, falleció Héctor “Cacho” Otheguy, o simplemente “Cacho”, un símbolo de INVAP y sucesor del creador de la empresa, Conrado Varotto. Incansable luchador por una Argentina desarrollada, Otheguy ocupaba la presidencia del directorio de la compañía tras haber dejado la gerencia general en el año 2017. Una enfermedad cardíaca de varios años había venido minando su salud. Fue uno de los pioneros que acompañó a Varotto en la fundación de Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado, hoy INVAP, como una evolución del Programa de Investigaciones Aplicadas (PIA) del Instituto Balseiro, en las instalaciones de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) ubicadas a la vera de la ruta que conecta Bariloche con el exquisito Llao Llao. Corría el año 1973, aunque la empresa tendría su comienzo legal y formal recién en septiembre de 1976. INVAP tuvo un rápido crecimiento en sus primeros años como principal empresa ejecutora del Plan Nuclear Argentino.

Otheguy, físico de formación básica y con dos maestrías posteriores (en Ciencias y en Gestión), se convirtió rápidamente en la mano derecha de Varotto como subgerente general de la empresa. En 1991, cuando quien hasta entonces había dirigido la empresa dejó INVAP, Otheguy lo sucedió.

Como gerente general de INVAP a lo largo de 26 años, Otheguy vivió gran parte de las vicisitudes de la empresa, las buenas y las malas. En el año 2000, tras ganar la licitación para el diseño y la construcción en Australia del OPAL (siglas en inglés de Reactor Australiano de Agua Liviana en Pileta Abierta), un reactor para investigación y producción de radioisótopos, debió peregrinar por los medios de comunicación explicando que eran falsas las acusaciones de ciertos grupos ambientalistas argentinos con financiamiento extranjero de que ANSTO (Australia Nuclear Science and TechnologyOrganisation–Organización de Tecnología y Ciencia Nuclear de Australia), la autoridad regulatoria del Estado australiano, había otorgado el contrato a la empresa argentina a cambio de que ésta se encargara de importar al país los desechos del reactor en los años venideros.

El futuro demostraría la falsedad de esas acusaciones y la solvencia de INVAP, que se había impuesto en esa licitación a gigantes multinacionales de países desarrollados como Siemens de Alemania, Technicatome de Francia y AECL de Canadá. El lobby internacional para sacar a INVAP de la carrera por un contrato de poco más de 220 millones de dólares fue tan feroz, incluso después de que la licitación fuera ganada por ésta última, que el presidente francés Lionel Jospin sacó el tema frente al entonces presidente argentino Fernando de la Rúa, en su visita a Buenos Aires en abril de 2001.

El OPAL hoy es considerado el reactor patrón a nivel mundial en su tipo por su nivel de eficiencia y su rendimiento. Desde entonces, ANSTO ha vuelto a contratar a INVAP para varios otros trabajos ante lo satisfactorio de su desempeño.

INVAP es una empresa singular por muchos motivos. Eficiente, desarrollada e inserta en el mercado internacional está, junto con Embraer de Brasil, entre las compañías tecnológicas latinoamericanas más importantes por el grado de profundidad de los conocimientos y las capacidades que maneja. Aunque INVAP es más pequeña en término de personal y volumen de negocios que el gigante de la aviación brasileña, lo que la hace mucho más versátil y polifacética. Además, su condición de empresa estatal provincial dificulta una venta como la ocurrida con Embraer, ahora en manos de Boeing.

Otheguy, físico de formación básica y con dos maestrías posteriores (en Ciencias y en Gestión), se convirtió rápidamente en la mano derecha de Varotto como subgerente general de la empresa. En 1991, cuando quien hasta entonces había dirigido la empresa dejó INVAP, Otheguy lo sucedió.

Otro de los motivos de la singularidad de INVAP, y de su éxito, es la gestión de su personal. En INVAP el personal tiene un representante en el directorio y participación en las ganancias a través de una organización interna propia, la Asociación de Tenedores de Bonos (ATB).

Las exigencias del camino

En 1991, el presidente Carlos Menem, obedeciendo directivas de Estados Unidos, prohibió la ejecución de dos contratos que INVAP había ganado en Irán. La empresa arrastraba muchos problemas financieros por la cancelación del Programa Nuclear Argentino, primero a causa de la crisis del gobierno de Raúl Alfonsín y, posteriormente, por los recortes neoliberales de Menem, su sucesor. Los contratos con Irán eran la única posibilidad de mantener a flote la empresa y su pérdida implicó la inviabilidad de la compañía tal como venía funcionando hasta ese momento.

INVAP había llegado a 1059 empleados en 1988 y cinco años más tarde se había reducido a 323. Para salvar a la empresa y poder conservar la esperanza de que se mantuviera viva para una nueva etapa, se tomó la decisión de despedir a casi dos tercios del personal en un lustro. Alrededor de la mitad de esa gente se desvinculó entre 1990 y 1991, cuando la expectativa generada por los contratos con Irán se frustró definitivamente. La crisis de principios de la década de 1990 en la empresa fue tan profunda que Varotto decidió renunciar para evitar más disputas con la CNEA.

Otheguy sería el responsable de conducir el proceso de reestructuración para salvar a INVAP. En las desvinculaciones, que incluyeron diversas modalidades (retiro voluntario, indemnizaciones y pago de salarios durante varios meses), la prioridad fue proteger de la mejor manera posible a quienes debían irse. Otheguy habló personalmente con la mayoría de ellos, uno a uno. La asistencia a quienes debían dejar la empresa incluyó la ayuda para que pudieran poner en marcha nuevos emprendimientos, algunos de los cuales se transformaron en proveedores de INVAP. El proceso fue tan transparente, consensuado y razonable que no conllevó paros, tomas, ni las traumáticas protestas que suelen ocurrir en estos casos. En una entrevista realizada por este cronista, en 2015, a Juan Pablo Ordoñez, entonces gerente del Área Nuclear de INVAP, se ejemplificó el cuidado que se había puesto en aquél proceso de achicamiento con un dato simple y contundente: “El gerente de recursos humanos de entonces sigue siendo el mismo que el de ahora”, advirtió Ordoñez.

A Otheguy también le tocó responderle a Mauricio Macri cuando, en septiembre de 2014, antes de llegar a la Presidencia de la Nación, declaró en una reunión de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) sobre que se “hacen empresas tecnológicas que no hacen falta”, en alusión al desarrollo de los satélites geoestacionarios que llevaba adelante ARSAT con apoyo de INVAP. El gerente general de la empresa le respondió en una carta abierta, en la cual, entre otras cosas, manifestaba: “La ciencia y la tecnología son motores del desarrollo social y económico soberano de la Argentina. Curiosamente Macri, ¡el ingeniero!, parece ser el único en nuestro país que menosprecia los logros de la ciencia y la tecnología que nos han hecho avanzar en estos once años como nunca antes”.

Los momentos de gran dificultad suelen mostrar la naturaleza profunda de los hombres y mujeres que los protagonizan. La gestión de la traumática situación vivida por INVAP a principios de la década de 1990 expone la calidad humana de Otheguy y la impronta que ayudó a forjar en el grupo humano que conducía.

En declaraciones exclusivas para TSS, Hugo Albani, quien fuera el subgerente general de INVAP en tiempos de Otheguy y hoy es vicepresidente de la empresa, resumió su valoración de él de la siguiente forma: “Lo que más rescato de Cacho es su capacidad de liderazgo. Un liderazgo natural, único, en años muy difíciles de la empresa. A ese liderazgo le añadía una cuota muy grande de sentido común que hacía más evidente su lucidez, su inteligencia”.

Albani también enfatizó otro rasgo admirable de Otheguy: “Una capacidad de convocar al diálogo, de buscar consensos que hizo posible que muchas veces los proyectos complejos, llevados adelante por gente difícil, pudieran converger y cumplirse finalmente el objetivo. Ahí la mano de Cacho estuvo siempre presente, eliminando asperezas, generando buenas relaciones. Eso para la empresa fue fundamental”.

Noviembre de 2019, sede de INVAP en Bariloche. De izquierda a derecha: Vicente Campenni (gerente General de INVAP), Ricardo “Peck” Zagarzazu (vicepresidente de Desarrollo Estratégico), Hector “Cacho” Otheguy (presidente), NatasaLoizou (subsecretaria de Ciencia, Innovación y Gestión Tecnológica, Municipalidad de Tigre,Pcia. de Buenos Aires), Marcelo Basigalup (subgerente General). Fuente: Gentileza, INVAP.

Transformarse para mejorar

Desde finales de la primer década de este siglo, a INVAP le tocó enfrentar otro desafío enorme. La reactivación de la inversión en ciencia y tecnología y del Plan Nuclear Argentino durante el gobierno de Néstor Kirchner volvió a poner a la empresa estatal rionegrina en una senda de crecimiento. Éste no se dio solo por un aumento en el nivel de su actividad con nuevos contratos y proyectos, como el desarrollo y producción de radares y satélites geostacionarios para ARSAT, también implicó una diversificación inédita en cuanto a áreas de trabajo y clientes.

Mientras tanto, el tiempo pasaba y provocaba otra consecuencia inevitable: la necesidad de preparar el cambio generacional de la conducción de la empresa. Nuevamente, a Otheguy le tocó liderar ambos procesos. Cuando dejó la gerencia General, en el año 2017, tomó la posta Vicente Campenni, quien había ingresado a la empresa a finales de la década de 1980. Su llegada a la conducción de la empresa implicaba que, por primera vez, alguien que no pertenecía al grupo de los “padres fundadores” de la compañía estaría a cargo de su conducción.

“Cuando me habló de ocupar su lugar en la gerencia general, mi primera reacción fue decirle que yo no podía hacer lo que él hacía. Su respuesta inmediata fue que él estaba convencido que justamente era necesario un cambio en cómo hacer las cosas. Esto habla de una apertura de mente y una generosidad de pensamiento difícil de encontrar”, le dijo Campenni a TSS. Otro de los rasgos sobresalientes de Otheguy, según Campenni, era “entender que hay más de una manera de hacer las cosas, (de la necesidad) de dar espacio (a la gente), pero no dejarte solo y poner los objetivos primarios de INVAP por encima de los personales”.

Como gerente general de INVAP a lo largo de 26 años, Otheguy vivió gran parte de las vicisitudes de la empresa.

Una vida intensa

La capacidad resolutiva de Otheguy y la intensidad de sus días se refleja en una anécdota relatada por Albani: “Estábamos en una oportunidad con Cacho y Carlos (Montenegro, entonces gerente de Finanzas de INVAP, hoy uno de los dos subgerentes generales) tratando de que le pagaran deudas que tenían con INVAP varias instituciones de orden público, contraídas a través de contratos específicos ya cumplidos. Muchas veces pasaba que cobrar era un vía crucis, sobre todo durante el gobierno del presidente de la Rúa. Habíamos estado unas cinco horas esperando a un secretario del Ministerio de Economía y, finalmente, a través de la secretaria, nos dijo que tenía otro compromiso. Nos quedamos sin poder hacer la gestión y con un problema enorme porque había que hacer frente a nuestros compromisos. Entonces a Cacho se le ocurrió hablar con un conocido que tenía en Presidencia, a ver si encontraba alguna manera de poder acceder a los funcionarios. Y de golpe lo escuché decir a Cacho por teléfono: ‘Sí, señor Presidente, este es el problema señor presidente, muchas gracias señor presidente’. Se ve que de la Rúa estaba muy cerca de la persona con la que hablaba Cacho y había tomado el teléfono y ahí se pudo resolver el problema en un segundo”.

La última vez que me tocó estar con él fue en los días finales de noviembre de 2019. Había viajado a Bariloche para contemplar al imponente SAOCOM 1B antes de que comenzara a desmontarse para ser embalado, como acto previo a su partida a los Estados Unidos para su lanzamiento al espacio. En el comedor de empleados de INVAP, rodeado de ventanales que de un lado proyectan un parque impecable y del otro el deslumbrante Nahuel Huapi, se improvisó un almuerzo al que concurrió, además de Otheguy, Horacio Osuna, otrora histórico presidente de INVAP.

Otheguy era de contextura menuda, movimientos vivaces y un rostro que se iluminaba con facilidad con una sonrisa. En nuestro último encuentro en noviembre pasado, como era habitual, las charlas sobre los temas más serios fueron matizadas por él, con total naturalidad y pertinencia, con comentarios sagaces y graciosos. Su trayectoria vital encarnó, como en pocos casos ocurre, el ideal del forjador (o forjadora) de una Argentina del desarrollo y el bienestar, como la pensaron Jorge Sábato y Amílcar Herrera, entre otros. INVAP ha sido un semillero de este tipo de gente. Una Argentina en donde sea posible combinar el progreso económico con el bienestar de quienes viven en ella, la soberanía con la integración al mundo, la innovación constante para mejorar con la preservación de los legados valiosos. En esta senda “Cacho” tuvo una participación fundamental.

En la parte que a cada uno le toca en la construcción de una Argentina soñada, Cacho fue uno de los imprescindibles del poema de Bertolt Brecht.