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Docentes obligados a adaptarse a la Educación Online en Cuarentena


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El uso de aulas virtuales se convirtió en el recurso para reemplazar clases presenciales durante el aislamiento social preventivo. Sin embargo, su implementación deja al descubierto dificultades y desafíos. ¿Están dadas las condiciones para este cambio? ¿Alcanza con la tecnología disponible? ¿Cuál debería ser el rol de la universidad pública en la pandemia?

Por Vanina Lombardi
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Agencia TSS – Theo mira la película y responde atento a las consignas de la “tarea” que le mandaron sus profesores. Tiene el entusiasmo de quien ingresa a la universidad, pero todavía no puede viajar hasta la facu, perderse en sus pasillos, detenerse a leer carteles pegados en las paredes, esperar turno para comprar apuntes y, sobre todo, encontrarse con sus compañeros, que en lo que dure el aislamiento preventivo serán como avatares de un videojuego en el que juntos salen a desafiar  inquietudes en busca del conocimiento. Cata, en cambio, extraña debatir con los del centro de estudiantes y sentarse a estudiar en grupo en el bar de la facultad. Igual, ya bajó toda la bibliografía sugerida y está leyendo desde el celular para no atrasarse, mientras su hermana, apoderada de la única computadora de la casa, se dispersa con las actividades que le dieron en el colegio. Muchos otros, como Tomás y Vilma, aún esperan que comiencen las clases para recibir las consignas a seguir.

Del otro lado de la pantalla, los creadores de esta saga educativa son docentes de distintas generaciones que, con más o menos dificultades, se enfrentan a un aula virtual para la cual muchos no fueron entrenados o no tienen los recursos necesarios para adaptar las clases a esta tecnología, que plantea situaciones muy disimiles a las del aula presencial, a veces incluso imposibles de recrear, desde ensayos en laboratorios y clases de danza hasta prácticas profesionales. Todo esto, en medio de un aislamiento social obligatorio, con estrés por la incertidumbre sobre los tiempos venideros, superposición de espacios con otros miembros de la familia y tareas de cuidados, que se acumulan durante la jornada de encierro.

“Esto no es solo la migración de los desarrollos pedagógicos en tiempos de virtualización, es  virtualización en tiempos de una pandemia y aislamiento social, en los que cambian las dinámicas del hogar, los cuidados y la atención de hijos y adultos mayores. En muchas instituciones hay un afán de avanzar como si nada ocurriera, sin la indicación de reflexionar sobre lo que está pasando”, considera Ariel Slipak, docente en materias del área de Economía en las universidades nacionales de Buenos Aires (UBA), Moreno (UNM) y General Sarmiento (UNGS), y se cuestiona acerca del rol de las universidades públicas: “¿Tienen que haber solo desarrollo de contenidos o ponerse al servicio de contribuir a brindar soluciones a la emergencia sanitaria y las problemáticas socioeconómicas que se empiezan a vivir por la desigualdad de impactos del aislamiento social?”, se pregunta el economista. Y responde: “Antes que desarrollar con normalidad una cursada de microeconomía superior, creo que es más importante destinar el tiempo de contacto para tratar de reflexionar colectivamente sobre la situación socio económica”.

Según datos del Ministerio de Educación de la Nación, en la Argentina existen 66 universidades e institutos universitarios estatales, nacionales y provinciales, que en 2018 contaron con cerca de dos millones de estudiantes y unos 200.000 docentes con cargos, cada uno con realidades particulares y disímiles. “Una gran porción de los estudiantes no cuenta con los medios necesarios para poder realizar este tipo de tareas académicas, muchos solo tienen un celular para poder seguir adelante con los estudios”, afirma el historiador Patricio Grande, docente en la Universidad Nacional de Luján (UNLu), y sostiene que mantener la continuidad pedagógica en este contexto “se hace muy difícil y prácticamente inviable, ya que entre los estudiantes hay una brecha social, económica y digital muy grande, que se va a profundizar si se sigue adelante en estas condiciones”.

Según datos del Ministerio de Educación de la Nación, en la Argentina existen 66 universidades e institutos universitarios estatales, nacionales y provinciales, que en 2018 contaron con cerca de dos millones de estudiantes y unos 200.000 docentes con cargos, cada uno con realidades particulares y disímiles.

Al respecto, Arturo Gómez Barroso, docente en la carrera de Biología Molecular en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), coincide en que en las universidades existe una asimetría con relación al acceso y manejo de la tecnología, a la que se suman las condiciones en las que docentes y alumnos están cumpliendo el aislamiento social obligatorio, muchos con familiares a cargo, otros con inestabilidad laboral o trabajos precarizados, y con un alto nivel de incertidumbre generalizado. “En ese marco se dan las clases. Se comentaba un caso en Córdoba en que en la primera clase virtual participaron todos los alumnos y en la segunda solo la mitad, y esos casos se multiplican en todo el país”, ejemplifica Gómez Barroso. Para el docente, es importante mantener el contacto con estudiantes por “una situación de contención que tenemos que dar como sociedad, en la que la universidad puede jugar un rol no netamente académico. Como docentes, investigadores y trabajadores tenemos que desarrollar otro tipo de actividad para generar esos lazos solidarios que van más allá del dictado normal de las asignaturas”.

“El punto es ser conscientes de la contingencia actual y, más que esperar un cuatrimestre de continuidad, plantear como primera preocupación el cuidado general, y ver cuáles son las posibilidades de mantener un vínculo con los estudiantes, que va a ser diferente y va a tener mayor nivel de fragilidad”, considera el historiador Federico Cormick, docente en la Universidad Nacional de Moreno (UNM), que además se enfrenta al desafío que implica el dictado de materias de primer año en las que recibirá a estudiantes que se acercan por primera vez al ámbito universitario. “El reto es que se entusiasmen, que el aula sea un espacio de cuidado, y los mecanismos virtuales tienen algunas limitaciones para eso”, se preocupa.

Silvia Bernatené, decana de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), sostiene que desde la universidad debe haber mayores niveles de comprensión sobre la diversidad de situaciones en las que se produce el aprendizaje. “Aún en las mejores condiciones tecnológicas y materiales, hay algo de la disposición intelectual y anímica que no es fácil recomponer. Hay una disposición a trabajar con los estudiantes y comprender lo que está en juego. Sin negar las dificultades, procuramos generar un espacio para sostener el vínculo con los estudiantes a través del conocimiento y, sobre todo, desde el lugar que tiene la universidad en este momento de debilidad de los lazos sociales”.

Espacios de cuidado, producción y reproducción de la vida

El aislamiento preventivo obligatorio irrumpió en el año lectivo cuando algunas universidades estaban desarrollando los cursos de ingresos o tomando exámenes finales. Otras habían apenas comenzado o estaban por iniciar las clases y tuvieron que posponerlas por unos días para adaptar las materias al formato virtual. Mientras que las instituciones trabajan desde las áreas de programación digital para mejorar las plataformas virtuales que muchas ya tienen como complemento para las clases presenciales, los docentes se vieron en la necesidad de adaptar sus contenidos a la virtualidad, tratar de establecer contactos con sus estudiantes para conocer sus capacidades tecnológicas y aprender a utilizar herramientas virtuales, lo que implica duplicar las jornadas laborales desde el hogar e incluso disponer de recursos tecnológicos que no siempre están a su alcance o que deben compartir con otros integrantes de la familia.

“Muchos están corriendo, preocupados y angustiados, tomando clases online sobre la virtualidad y cómo generar contenidos online, pero yo iría a un paso anterior: este escenario está poniendo sobre la mesa cuestiones que tienen que ver con que el mundo no va a volver a ser el que conocíamos. Al mismo tiempo, todavía seguimos teniendo una normativa laboral que sigue pensando a los trabajos solamente en el mundo público y productivo, ¿hasta cuándo? Creo que esta es una oportunidad para pensar en nuestras propias condiciones de trabajo y no solamente en cuán creativos podemos ser o no en la virtualidad”, reflexiona Florencia Partenio, coordinadora de la carrera de Relaciones del Trabajo de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), y considera que esto abre una instancia “formidable” para trabajar con los sindicatos.

El aislamiento preventivo obligatorio irrumpió en el año lectivo cuando algunas universidades estaban desarrollando los cursos de ingresos o tomando exámenes finales. Otras habían apenas comenzado o estaban por iniciar las clases y tuvieron que posponerlas por unos días para adaptar las materias al formato virtual.

“¿Cuán presente está la agenda de los cuidados en los sindicatos docentes y en los del resto de los sectores de la economía? ¿Cuántas de estas demandas se habían incorporado en el pliego de las negociaciones colectivas?”, cuestiona la especialista y explica que el avance de la virtualización y el teletrabajo tendrán impactos y efectos totalmente disímiles entre varones y mujeres, ya que antes de la pandemia tampoco se había resuelto un sistema integral que piense a los cuidados como un derecho y un trabajo. “Ahora, todo se acrecienta y las mujeres serán quienes tendrán mayores impactos de sobrecarga tratando de resolver la virtualización y, al mismo tiempo, llevando adelante sus responsabilidades reproductivas”, advierte Partenio.

Al respecto, Cormick, que también es Secretario General de ADUNM, asociación gremial docente de la UNM, afirma que desde el gremio comparten un espíritu general del cuidado. “Vemos con mucha preocupación que hay una naturalización de que todo se va a poder hacer por la vía virtual e hicimos un llamamiento público sobre esta preocupación, ya que empieza a haber presiones excesivas sobre los docentes, lo que supone la degradación de las condiciones de trabajo y contratación, sin tener en cuenta que los docentes, al igual que los estudiantes, somos parte de esta situación crítica y tenemos que poder sobrellevar las presiones de la pandemia”, sostiene.

Todo esto sucede casi en simultaneo con el incumplimiento de la denominada “cláusula gatillo” establecida en las negociaciones paritarias el 2019, mediante la cual se actualizarían los sueldos docentes de acuerdo con la inflación. “La educación pública viene muy golpeada. Las obras sociales han sido definanciadas, no tenemos presupuesto aprobado para esta año, estamos viviendo una situación que ya venía crítica y tenemos que estar alerta para que esa crisis no se profundice más”, se lamenta Gómez Barroso, que también es Secretario Adjunto de Asociación de Docentes Universitarios (ADU) de San Luis e integrante de la mesa ejecutiva de CONADU Histórica. “Muchas veces, las computadoras están en la universidad, no tenemos acceso a comprarlas y eso tiene que ver con un retraso salarial que venimos arrastrando. No es menor que el día que se decretó el aislamiento obligatorio también se firmó un acuerdo salarial a la baja, desconociendo la cláusula gatillo firmada el año pasado”, agrega.

Teniendo en cuenta todas estas dificultades, la Federación Nacional de CONADU Histórica (que congrega a muchos gremios de todo el país) presentó ante el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) un pedido de intervención frente a las universidades. “No es un tecnicismo considerar que estas tareas no están en el convenio colectivo de trabajo. No están porque no están pensadas, es más trabajo en un momento en el cual quienes tienen a su cargo hijos o adultos mayores tienen mayor carga en el hogar”, dice Slipak, que también es Secretario Gremial de la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires (AGD-UBA). Y agrega: “Hay un afán por el incremento del tiempo de vida que los trabajadores le brindamos al empleador. Esto provoca una falta de distinción entre el tiempo laboral y el personal, de los docentes trabajando en su casa y de los teletrabajadores, que casi naturalmente terminamos trabajando feriados y fines de semana. Mi preocupación también es el día después, porque tiene que quedar claro que todas estas herramientas que se desarrollan en emergencia no puede ser pensadas para avanzar en detrimento de la presencialidad, que sigue siendo necesaria”.

Teletrabajo y Trabajo Remoto desde la mirada de la Psicología Laboral


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Las distintas esferas del quehacer humano se han visto alteradas con la llegada de las Cuarentenas obligatorias por el Covid-19. El ámbito laboral no es la excepción con la gran cantidad de personas ue han sido enviadas a sus viviendas aseguir su rutina por teletrabajo o trabajo remoto. Es por eso que desde el Colegio de Psicólogos de Córdoba una comisión viene trabajando sobre comoasesorar en temas laborales a las distintas organizaciones y Gobiernos sobre el tema. De esa Comisión, conversamos con Estela Humeréz*, que esto nos respondía:

¿Cómo están respondiendo las organizaciones a la pandemia?

Como ocurre en cualquier situación crítica, no puede haber una respuesta homogénea al impacto producido por COVID-19. Cada empresa lo ha recibido en diferentes momentos de su trayectoria y con diferentes recursos para responder. Al mismo tiempo, nos encontramos con algunos coletazos de la primera noticia, sorpresiva y en algunos casos abrupta. Las empresas tuvieron que tomar decisiones que, yo creo en muchos casos, siguieron una inercia similar al momento previo, transferida a las modalidades del Teletrabajo o trabajo online. En algunos casos, durante la segunda semana se comenzaron a ver algunas falencias por lo cual los procedimientos tuvieron que ser revisados.
Las empresas son una caja de resonancia de la sociedad. Por esa razón ellas en sus interrelaciones, en el entramado de vínculos que experimentan sufren las complicaciones que también se experimentan de manera social.

¿Qué consultas llegan a los psicólogos laborales desde las empresas?

En principio, las consultas de las empresas u organizaciones con las que trabajo, tuvieron que ver principalmente con la necesidad de reestructuración, la revisión de los procedimientos y sus modificaciones, pero fundamentalmente en cómo se podían dar respuestas ante la urgencia y emergencia sin tener un impacto negativo sobre los trabajadores y trabajadoras, sabiendo que las medidas debían adoptarse de manera inmediata.

¿El Teletrabajo es la solución más adecuada?
La alternativa de Teletrabajo o Trabajo Remoto no fue, en primera instancia, una respuesta para cualquier empresa. En mi caso personal, trabajo con una empresa que brinda servicios educativos en modalidad remota. Por supuesto, estos colaboradores tenían muchísimo más ejercicio en la prestación del servicio de esa manera, si bien sufrieron algunas modificaciones también. En otros casos me consultaron respecto a la falta de capacitación de algunos colaboradores para realizar teletrabajo considerando prudentemente no pretender transferir inmediatamente la modalidad presencial al teletrabajo en base a la mera disposición de un equipo tecnológico.

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¿Es lo mismo Teletrabajo que Trabajo Remoto?

Creo que es importante resaltar algunas diferencias entre teletrabajo y trabajo remoto. Si bien no son términos nuevos, se configuran en las realidades emergentes de las organizaciones y contextos laborales. La modalidad de ambos tiene que ver con un trabajo a distancia y se entiende en general que el teletrabajo está convenido entre un empleador y un trabajador, mientras que el trabajo remoto es una modalidad impuesta por la empresa. El lugar desde donde se realiza el teletrabajo puede ser cualquier espacio adecuado y convenido a tal fin, mientras que para el trabajo remoto se fija un domicilio, ya sea el del colaborador/a o el de la empresa. También hay una diferencia en relación a la propiedad de los equipos con los que se brinda el servicio. En el caso del teletrabajo son equipos del trabajador y solo en algunos casos son provistos por la empresa. En el trabajo remoto es la empresa la que provee los equipos y el servicio de conectividad.

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¿En qué se modifica desde lo psicológico este nuevo formato laboral?

Todo esto se relaciona también con otro aspecto que hace a la estabilidad laboral que el tabajador necesita para ejercer su tarea: es el aspecto de la Seguridad y la Salud. En el caso del trabajo remoto ambos están a cargo de la empresa, mientras que en el teletrabajo se puede llegar a convenir. En esta emergencia los trabajadores confirmados con un diagnóstico de COVID-19 así como aquellos que se encontraban con licencias médicas se encuentran en un marco donde se le suspende la obligación de prestar sus servicios, sin afectar el pago de sus remuneraciones. Respecto a los demás trabajadores, si bien aún no tenemos evidencias sistematizadas, se percibe una sensación de amenaza de su estabilidad laboral, al bajar la producción y actividad.

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¿Trae alteraciones a nivel conductual de los trabajadores?
Otro de los aspectos a tener en cuenta ante estas modificaciones en los sistemas organizacionales, es el horario laboral dentro del cual los trabajadores/as deben estar disponibles. Creo que hay que considerar este aspecto de manera particular por sus repercusiones en la vida cotidiana de los trabajadores/as y de aquellas personas con quienes conviven en esta situación de aislamiento social. El teletrabajo, en general, suele demandar un estado de comunicación o conexión permanente debido a las características de la contingencia.
En el trabajo remoto o en el trabajo online hay dos conceptos que se modifican radicalmente que son el de tiempo y espacio. Son conceptos que cambian, se relativizan y esto hace que quienes abruptamente tienen que responder con esta modalidad se vean notablemente afectados. El horario de disponibilidad laboral ya no es fijo, el espacio tampoco. Por eso, quienes tuvieron que responder abruptamente tratando de adaptar algún espacio en sus viviendas, por ejemplo, pueden haber tenido algunas dificultades con repercusiones en la calidad del servicio prestado.
Hay que tener en cuenta que todos estos cambios repercuten en la dimensión emocional del trabajador quien puede sentir que no está dando un servicio pleno, que no está satisfecho con lo que está haciendo y a quien la incertidumbre lo embarga todo el tiempo. Por eso, necesita consultar permanentemente, puede tener dificultades en su entorno en cuanto a ruidos, iluminación, y otros factores que en el lugar fijo de la empresa no representaban un problema pero que en la situación emergente debe sufrir distintas acomodaciones.

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¿Qué modalidades se presentan en la implementación de estas nuevas modalidades?

Otro tema de esta contingencia son los trabajadores que por algún motivo se han negado a realizar su trabajo en la modalidad online o remota. Esto puede deberse a la falta de capacitación, falta de equipos o conectividad adecuada, entre otros. Muchas empresas han debido brindar licencias a estas personas, por ejemplo, para compensar la cantidad de horas a futuro, o bien, diseñar otras medidas.

¿Qué aspecos se deben cuidar desde los niveles gerenciales?

Si bien estamos en un plan de emergencia y en un periodo crítico, la comunicación en la cultura organizacional sigue siendo prioridad. La manera de comunicar, el estilo comunicacional, el contenido, los canales de comunicación, y el circuito comunicacional, son absolutamente prioritarios para lograr resultados efectivos. Se usan correos electrónicos institucionales, aplicaciones de mensajería instantánea, redes sociales y otros dispositivos análogos. Si bien cada empresa tiene ciertos protocolos establecidos de acuerdo a los niveles de responsabilidad, en estos días de pandemia se ha pedido, en muchos casos, un estado de conexión permanente lo cual genera stress ya que no permite desligarse de la función laboral. Existe entonces la necesidad de una capacidad de autorregulación que no es igual en todos los trabajadores. Es por ello que considero que las organizaciones deben brindar ciertos espacios de contención y acompañamiento.
Seguramente en esta cuarta semana los gerentes están revisando e implementando las maneras organizacionales más expeditivas y efectivas. Creo que ellas tienen que contemplar los niveles de ansiedad y stress de los colaboradores en relación a las demandas laborales.
Es importante que los gerentes tomen en cuenta su responsabilidad como empleadores en cuanto a la capacitación de los colaboradores, si la necesitaran, para el manejar de equipos o tecnologías para realizar su trabajo de manera remota.

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¿Cómo pueden ayudar los psicólogos a las empresas?

El acompañamiento a las gerencias tiene que ver con la selección y puesta en funcionamiento de sistemas organizacionales a través de plataformas y aplicativos informáticos de tal manera que agilice la tarea para ir generando confianza en los trabajadores y habilitando mecanismos para el uso adecuado de los sistemas de trabajo remoto.
Uno de los temores de los gerentes en la modalidad remota se refiere a la confidencialidad de la información. Es por eso que se debe indicar que los trabajadores no deben subrogar sus funciones ni dar acceso a terceros respecto a la información organizacional que manejan.

¿Hay algún modelo a seguir?

Se trata de muchas dimensiones que se deben acomodar, reacomodar y cuidar en esta realidad dinámica que estamos viviendo globalmente. Por esa razón, es imposible tener recetas que sirvan para todos y para mirar a las empresas y trabajadores como sistemas homogéneos o como un universo homogéneo. Hoy más que nunca hay que respetar las particularidades y la cultura de cada empresa, así como las condiciones y los recursos personales de los trabajadores. Creo que la empatía será la condición más adecuada para que gerentes y colaboradores puedan ejercer eficientemente las tareas asignadas. También una plasticidad para abordar toda esta cotidianeidad que se ve modificada en distintos aspectos.

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¿El rol del psicólogo en esta pandemia cuál es?

Por esta razón nuestro rol nos permite desde la Psicología del Trabajo y las Organizaciones, dar un aporte absolutamente necesario en cada empresa pequeña, familiar, mediana o grande para poder en equipo encontrar las mejores soluciones tratando de brindar esta perspectiva general de Salud y con un enfoque de Derechos. En estos momentos es cuando debemos trabajar juntos para sostenernos entre todos de acuerdo a las posibilidades que generan las medidas de Gobierno y desde el concepto de Salud integral que tiene que vernos como personas convivientes y en comunidad. nbsp;

 

* Biodata Estela Humérez: Maestrando en Bioética, Facultad de Ciencias Médicas, UNC – Licenciada en Psicología – Profesora de inglés – Traductora Pública. Grados obtenidos en la Universidad Nacional de Córdoba. Ex -profesora de Estudios Socioculturales y Práctica Docente en el profesorado de Inglés del Instituto Superior de Formación Docente Juan XXIII. Manager Ciclos Asistencia Psicológica, área clínica y organizacional. Asesora organizacional permanente en ES Argentina para el plan Ceibal en inglés, programa de educación remota del gobierno de la República Oriental del Uruguay. Tutora pedagógica ISP Juan XXIII. Co-coordinadora de la Comisión de Psicología Laboral y Organizacional del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba.
[16:58, 9/4/2020] Psicoeduc Estela Humerez: 1) Mis prácticas son en el ámbito organizacional (en lugar de laboral). Sobre el impacto del COVID-19 en las empresas y los trabajadores.