LA IA Y SU IMPACTO EN EL MUNDO DE LA PSICOLOGÍA: ¿UNA DEUDA COGNITIVA?

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Psicóloga general sanitaria y psicopedagoga

Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez

Una nueva revolución

El 20 de noviembre de 2022 se lanza ChatGPT, una inteligencia artificial que sorprende por su capacidad “natural” de mantener una conversación con los seres humanos. Poco después, al año siguiente, esta inteligencia es capaz, gracias a su integración con la aplicación DALL-E 3, de generar imágenes utilizando para ello instrucciones dadas por los usuarios. Desde entonces, versiones más actualizadas de esta y otras inteligencias artificiales que buscan imitar el funcionamiento del cerebro humano, se suceden vertiginosamente. Y es que las innovaciones en inteligencia artificial se dan a una velocidad jamás vista (Xuli et al, 2021).

A esa velocidad de desarrollo se le suma otro fenómeno: su uso masivo. Solo hay que fijarse en los números. Según el Centro de Investigación independiente Pew Research Center de origen estadounidense, el 58% de los jóvenes de 18 a 29 usan ChatGPT en comparación con la población de 30 a 49 que se sitúa en el 41%. El porcentaje de uso sigue bajando en los grupos de personas de mayor edad. En conclusión, son los jóvenes los que más usan la inteligencia artificial.

Gráfico en forma de pirámide con los siguientes datos sobre franjas de edad:más de 65 años, 10%; 50-64 años, 25%; 30-49 años, 41%; 18-29 años, 58%.
Uso de la IA en España

En España, según datos recientes de la agencia EFE, casi la mitad de los españoles utiliza la inteligencia artificial como apoyo en las diferentes áreas de su vida. En la profesional facilita la realización de tareas laborales y parece conseguir que seamos más rápidos y eficaces. Pero su uso no termina ahí, sino que también se ha convertido en una tecnología de referencia para resolver asuntos personales. Es decir, los usuarios intentan dar también respuesta a sus problemas afectivos, como las rupturas de pareja o los sentimientos de soledad intensos, recurriendo a la inteligencia artificial.

Esto significa que la forma que tenemos los seres humanos de enfrentarnos a los retos de la vida se está viendo seriamente influida por esta tecnología. Es de cómo afecta la IA a la salud mental y a las funciones mentales superiores de lo que estamos hablando cuando, en el proceso de toma de decisiones, los seres humanos preguntamos su opinión a un algoritmo.

En conclusión, si sumamos el uso masivo de la inteligencia artificial y su rapidez de desarrollo tenemos delante de nosotros una revolución global que afecta profundamente al aparato psicológico de las personas, sobre todo de los jóvenes.

Pensar y fatiga mental: un proceso biológico

La inteligencia artificial realiza tantas funciones que requieren inteligencia humana que sería imposible enumerarlas aquí. Por ejemplo, si se quieren conocer las conclusiones de un artículo extenso, puede resumirlo en segundos; además, si el texto se encuentra escrito en otro idioma, igual de rápido puede traducirlo; creando presentaciones es capaz de combinar texto e imágenes de una manera elegante y eficaz en un abrir y cerrar de ojos. A esta tecnología no le cuesta realizar estas tareas. Los seres humanos la hemos diseñado equipada con unas capacidades muy similares a las del ser humano para poder llevarlas a cabo, pero exenta de emociones, sin capacidad para sufrir, ni de ilusionarse ni de empatizar, aunque sí de aparentarlo.

Pero a nosotros, los seres humanos, nos pasa lo contrario: empatizamos, nos ilusionamos y sufrimos, pero sí nos cuesta resumir, traducir, presentar, y en definitiva, pensar.  Y producto de ese esfuerzo se puede dar una delegación excesiva de nuestras habilidades cognitivas en su empleo. Para entender este coste de pensar llamado fatiga mental hay que acudir a la Biología. Mientras pensamos, las neuronas se conectan entre sí, mediante sinápsis electroquímicas, a través de las cuales se intercambia información.

Doctora frente a una pantalla que muestra una tomografía-computarizada
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Glutamato y adenosina

El responsable de que esto ocurra es un neurotransmisor, el glutamato, que las excita. En un momento determinado, diferente para cada persona, el glutamato deja de excitar a las neuronas debido a que entra en juego otra molécula que regula su entrada en ellas: la adenosina. Esta inicia un proceso de freno al neurotransmisor, consiguiendo que las conexiones antes encendidas se vayan apagando dejando de estar conectadas (Wiehler et al, 2022). ¿Qué experimentamos cuando esto ocurre? Una fatiga mental extrema, dificultades para concentrarnos en aquello a lo que le dábamos vueltas y, como resultado, un rechazo a continuar pensando.

Es como si el cerebro se fuera apagando, ya que las neuronas dejan de estar conectadas. Este fenómeno que nos ocurre a los humanos no le pasa a la inteligencia artificial que está funcionando 24 horas, 7 días a la semana.

A pensar se aprende y se entrena

Ser capaz de pensar de manera más compleja, favoreciendo un pensamiento más rico y flexible en comparación con un pensamiento más simple mediante heurísticos o atajos mentales, depende del nivel del entrenamiento previo que haya realizado la persona (Liz et al, 2024). A pensar se aprende y la capacidad de pensar se mantiene y mejora practicando, como cualquier otra habilidad. Si no se aprende, no se puede usar; y, si no se practica, se pierde. Así de fácil.

Si pensar, incluso por atajos o heurísticos, requiere esfuerzo, y mejorarlo requiere luchar contra el malestar, se puede concluir que resulta seductor querer delegar en otro las tareas que requieren pensar. De esta manera evitamos el malestar. Al convertirse en masivo el uso de la inteligencia artificial, el deseo de delegar el acto de pensar se materializa, ya que justamente esta tecnología está diseñada por humanos para realizar tareas que requieren inteligencia humana, sobre todo en los jóvenes que son los que más la usan.

Sin embargo, sucumbir a la tentación de delegar funciones mentales superiores en la inteligencia artificial no es gratis.

Consecuencias de delegar las capacidades cognitivas en la IA

Existen muchos artículos que hablan de las consecuencias cognitivas del uso de la inteligencia artificial. El año pasado, en 2024, la Real Academia Nacional de Medicina de España  avisaba de que el uso excesivo de la inteligencia artificial debilita nuestra memoria y reduce la capacidad para pensar críticamente y resolver problemas de manera independiente. También en ese mismo año se publica un estudio en la revista Cognitive Research de Macnamara et al., (2024)  que concluye que las personas expertas en una materia pueden perder gradualmente sus habilidades cognitivas al recurrir a la IA para tomar decisiones. Pero no solo les afecta a ellos, sino que los alumnos pueden no desarrollar sus propias habilidades cognitivas cuando la inteligencia artificial sirve de ayuda para el aprendizaje. Por último, quiero destacar un artículo por su importancia y actualidad.

Este ha sido publicado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) (Kosmyna et al. 2025) aún pendiente de revisión por pares, este mismo año, 2025. En él se comparan tres grupos que se diferencian en la forma que realizan una tarea consistente en redactar un ensayo de opinión breve. El primero de los grupos no usa la IA y ni siquiera Internet para realizar la tarea; el segundo solo realiza búsquedas clásicas en Internet para completarla, y el último grupo sí usa la IA para su consecución.

Tras analizar los datos obtenidos a través de electroencefalografía (EEG), los autores vieron que el cerebro del tercer grupo, el  que usó la IA, se activaba menos, es decir, que las neuronas se encontraban menos conectadas y, como consecuencia, el flujo de información era menor y la memoria menos activa. Si lo pensamos bien, esto es una consecuencia lógica del uso de la IA. Si está concebida para realizar tareas que requieren inteligencia humana, en algunos casos podremos delegar en ella, aunque siempre supervisándola, lo que implica menor activación cerebral. Pero lo importante es lo que ocurre después usar la IA.

Deuda cognitiva de la IA

Estos investigadores sometieron a los participantes de cada grupo a otras tareas posteriores y encontraron que el cerebro de los que habían usado la IA para realizar el ensayo anterior se activaba menos a la hora de enfrentarse a la nueva tarea. También presentaban, en comparación con los otros dos grupos, más dificultades para estructurar ideas y  disponían de un menor vocabulario. La conclusión es que estas personas debían realizar un esfuerzo por recuperar un cerebro más activo, más conectado, tras delegar sus procesos de pensamiento en la tecnología.

Este fenómeno es lo que han llamado la deuda cognitiva con la IA. Esto es, que hay que luchar contra la inclinación biológica del cerebro de seguir delegando cuando ya lo ha hecho una vez, de mostrarse más pasivo, ya que se corre el riesgo de disminuir nuestras capacidades mentales superiores.

Sí, la IA, tal y como ha sido concebida, posee una gran capacidad de seducción para conseguir que deleguemos en ella nuestra inteligencia sin percatarnos de los perjuicios. Un metaanálisis recoge la excesiva dependencia que la IA en contextos educativos y de investigación. Los resultados indican que la excesiva dependencia de soluciones cada vez más rápidas, las que proporciona la IA, provoca una posible erosión de habilidades cognitivas críticas como la toma de decisiones, el pensamiento crítico y el razonamiento analítico (Zhai, C. 2024)

Profesional sosteniendo un informe de financiero entre las manos
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Deudas del pasado: depauperización de la educación

Pero, ¿cómo se ha llegado hasta aquí, a que la mayoría de las personas la use sin temor o precaución? Hay dos eventos anteriores en el tiempo a la irrupción de la inteligencia artificial que explican la facilidad con la que los humanos deseamos delegar en ella, sobre todo la generación centenial, los nacidos entre 1995 y 2010. Uno de ellos referido a España.

El primero de estos eventos se ubica décadas atrás. Tras terminar la EGB, el sistema educativo vigente desde los años 70 hasta los años 90 del siglo pasado, la instrucción reglada en España se ha ido empobreciendo, dejando a los alumnos  con conocimientos cada vez más paupérrimos y menor capacidad crítica para entender el mundo (Fundación BBVA & Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas [IVIE], 2025). Podemos encontrar detallada la progresiva depauperización de la educación en España a través de los resultados del informe Pisa, que caen desde el año 2015 hasta hoy.

También  podemos recurrir al informe Pisa para ver que esto afecta a los países de la OCDE en general, ya que entre 2018 y 2022 hay un descenso de 15 puntos en matemáticas y lectura. Apuntar que los resultados en lectura y ciencia ya veían disminuyendo desde la década anterior. Y resulta que las asignaturas de matemáticas, comprensión lectora y ciencias, son conocimientos clave para entender el mundo.

Deudas del pasado: uso de las redes sociales

El segundo evento que explica la seducción que ejerce la inteligencia artificial en nosotros, tiene que ver con el uso las redes sociales,  que han proporcionado momentos  de liberación de dopamina, de placer. A pesar de que este uso continuado es perjudicial para el cerebro, ya lo hemos aceptado con total naturalidad, convirtiéndose los jóvenes en adictos digitales (Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad [ONTSI], 2023).

Ambos eventos han preparado el terreno para que delegar en la inteligencia artificial sea un paso natural. Y para que luchar para mejorar nuestras capacidades cognitivas sea una tarea titánica para muchos que ni siquiera saben que están perdiendo lo más valioso: la inteligencia, que desde el año 2000 está disminuyendo en los países occidentales. Esta afirmación se basa en la fluctuación reciente del efecto Flyn (Dutton, E, 2016). Se llama así al aumento progresivo de la inteligencia que se ha detectado a nivel global desde 1980 y que desde el 2000 ha experimentado una reversión, denominada efecto Flyn inverso.

En conclusión: de aquellos lodos estos barros.

Cambio del perfil cognitivo de los jóvenes

Este cambio cognitivo es global y afecta, sobre todo, a una gran cantidad de jóvenes, ya nativos digitales, los llamados centenial, que siempre han encontrado soluciones tecnológicas a sus problemas.  Como no puede ser de otra manera, este cambio cognitivo provoca un cambio del perfil en el paciente que viene a consulta psicológica. Así, por ejemplo, al que pide ayuda, producto de todo lo expuesto anteriormente, le cuesta recordar lo que se habla en consulta debido a una memoria fragmentada y descontextualizada. Al contar aquello que les preocupa muestran que establecen un marco no racional y se mezclan en su discurso los deseos y el pensamiento mágico. Los psicólogos estamos situados en un rol privilegiado para poder ayudar a los jóvenes a aumentar sus capacidades cognitivas, aunque sea de uno a a uno.

Su atención tampoco es muy buena, ya que su cerebro está acostumbrado a los tiempos de los vídeos cortos, que se miden por pocos segundos. El profesional de la Psicología debe conocer este fenómeno, así como todo lo narrado anteriormente,  y ayudar al paciente a desarrollar todas las capacidades no aprendidas u olvidadas. E inculcarles fortaleza para esforzarse para desarrollar y mantener su capacidad cognitiva más preciada: pensar, y específicamente, pensar con sentido.

Pero este fenómeno no ocurre solo en el ámbito clínico. Un interesante estudio de mercado realizado por la empresa estadounidense Criteria Corps ha culminado en un informe en el que se recababa información a los reclutadores de talento sobre la adecuación al puesto de trabajo de la generación centenial. En concreto se les preguntaba si estos estaban capacitados para cubrir las necesidades del puesto.

La conclusión fue demoledora: solo el 8%. Y no era por falta de títulos precisamente, que los tenían, aunque estos estuvieran devaluados, sino por falta de ciertas habilidades como la falta de capacidad para tomar buenas decisiones, gestionar el trabajo y no tener buenas habilidades sociales y emocionales imprescindibles en entornos donde se trabaja en equipo. ¿Esto significa que hay que adaptar el puesto a las necesidades de esta generación y no al revés? Obviamente eso causaría un problema serio a la empresa. Lo que sí parece claro es que el perfil cognitivo de la gran mayoría de los seres humanos, por lo menos en occidente, está cambiando y debemos saberlo.

¿Soluciones?

Ser conscientes de que si usamos la IA para realizar tareas cotidianas, el cerebro se acostumbra a delegar, así que hay que entrenarlo y esforzarnos para que vuelva a estar más activo. Que a la hora de usar la IA sujetemos la tentación de que nos dé respuestas rápidas a lo que queremos saber, generando con anterioridad nuestras propias hipótesis y comprobando y confirmando posteriormente las propuestas por la IA. Por ejemplo, si le preguntamos por diez posibles nombres atractivos para un negocio, pensemos nosotros antes otros diez. No permitamos que nuestro cerebro se apague,  tener deudas con la inteligencia artificial no es un buen negocio.

Resumen

Hay que ser consciente de cómo el cerebro se está volviendo menos activo producto de un desconocimiento de las consecuencias de un mal uso de la IA. Esta situación tiene como predisponentes explicativos  la depauperización progresiva de la educación y el uso masivo de redes sociales. El profesional de la Psicología tiene un lugar privilegiado para actuar, en un nivel individual y nivel social, contra esta realidad con el fin de transformarla.

Profesionales analizando una pantalla dinámica de datos complejos con un recuadro con el texto IA
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Bibliografía

Agencia EFE. (13 de febrero de 2025). El 45% de los españoles usó IA para apoyar trabajo o estudios.

Criteria Corps (2024) 2024-2025.Hiring Benchmark Report.  https://www.criteriacorp.com/research/2024-2025-hiring-benchmark-report

Dutton, E., Van der Linden, D., & Lynn, R. The negative Flynn Effect: A systematic literature review (2016). Intelligence,59, 163-169https://doi.org/10.1016/j.intell.2016.10.002.

Fundación BBVA & Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE). (2025). Avances en la form ación por generaciones. La brecha en competencias básicas de la población española respecto a la media de la OCDE se ha triplicado desde la generación que se formó íntegramente con el modelo EGB (Esenciales, Nº 05/2025). Fundación BBVA. https://www.fbbva.es/wp-content/uploads/2025/10/Esenciales_5_2025_competencias_por_generaciones.pdf

Kosmyna, N., Hauptmann, E., Yuan, Y. T., Situ, J., Liao, X.-H., Beresnitzky, A. V., Braunstein, I., & Maes, P. (2025). Your brain on ChatGPT: Accumulation of cognitive debt when using an AI assistant for essay writing task [Preprint] Instituto Tecnológico de Massachusetts https://doi.org/10.48550/arXiv.2506.08872

Lee,L., Healy, M., Fischer, N., Tong, T., Chen, A., Sahakian, B., Kourtzi, Z. (2024).Cognitive flexibility training for impact in real-world settings. Current Opinion in Behavioral Sciences,59 https://doi.org/10.1016/j.cobeha.2024.101413.

Macnamara, BN., Berber, I., Çavuşoğlu, M., Krupinsku, E.,Nallapareddy, N., Nelson, N., Smith, P., Wilson-Delfosse, A & Ray, S (2024) ¿Acelera el uso de inteligencia artificial el deterioro de las habilidades y dificulta su desarrollo sin que los participantes sean conscientes de ello? Cognitive Research:principles and implication 9, 46.  https://doi.org/10.1186/s41235-024-00572-8

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Sidoti, O., Mcclain, C. (2025) 34% of U.S. adults have used ChatGPT, about double the share in 2023. Pew Research Center. https://www.pewresearch.org/short-reads/2025/06/25/34-of-us-adults-have-used-chatgpt-about-double-the-share-in-2023/?utm_source=chatgpt.com

Wiehler, A., Branzoli, F., Adanyeguh, I., Mochel, F., & Pessiglione, M. (2022). A neuro-metabolic account of why daylong cognitive work alters the control of economic decisions. Current biology 32(16), 3564–3575.  https://doi.org/10.1016/j.cub.2022.07.010

Xuli, Y., Xing L., Ying D., Min S. ( 2021) The Pace of Artificial Intelligence Innovations: Speed, Talent, and Trial-and Error.  Journal of informetrics.https://arxiv.org/abs/2009.01812?utm_source=chatgpt.com

Zhai, C., Wibowo, S. y Li, L.D. (2024). Efectos de la excesiva dependencia de los sistemas de diálogo con IA en las habilidades cognitivas de los estudiantes: una revisión sistemática. Smart Learning Environments. , 11 (28). https://doi.org/10.1186/s40561-024-00316-7

Robot con figura humana mirando una Tablet en una biblioteca
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MARIBEL GÁMEZ CRUZ

Directora del Centro de Psicología Aplicada Maribel Gámez. Psicóloga general sanitaria y psicopedagoga. Experta en terapia de conducta y en inteligencia artificial aplicada a la salud mental. Trabajo con un equipo especializado en el tratamiento de niños adolescentes y adultos por objetivos y con base científica. Presencialmente en Madrid y online.

FUENTE: https://blogpsicologia.copmadrid.org/que-es-la-deuda-cognitiva-con-la-ia-un-mal-negocio/

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